Cuando apareció Solal , la primera novela de Albert Cohen, el éxito fue inmediato y la crítica francesa le saludó como un escritor extraordinario, a pesar de la novedad y complejidad de su propuesta narrativa. «¿Ya habéis leído Solal ? Esta es la pregunta que hago en estos días a quienquiera que encuentre. Solal es un gran libro, una obra poderosa y rica», escribió Marcel Pagnol, quien reconoció en su protagonista a « una especie de Julien Sorel, pero muchísimo más loco». En ella aparecían por primera vez sus inolvidables personajes: el joven Solal y sus atrabiliarios y desternillantes « Esforzados», Saltiel, Comeclavos, Salomon, Michaël, Mattathias. También sus grandes temas: la búsqueda del Absoluto a través del amor, los juegos de seducción con reglas refinadas hasta el delirio, el tormento de los celos, la muerte; la omnipresencia del judaísmo: Solal, en una fulgurante carrera, pasa de la efervescencia resignada del ghetto a las intrigas sociopolíticas del mundo occidental, para volver luego a los orígenes en una suerte de descenso a los infiernos. El talento literario de Albert Cohen se verá confirmado por las críticas a las traducciones al inglés y al alemán de Solal, que se efectuaron de inmediato. Así, en Los Angeles Times se le llamó « el Balzac del judaísmo», en el New York Times se afirmó que la novela combinaba « la fuerza generosa y la técnica de Joyce, la opulencia bárbara de Rabelais y las espléndidas inverosimilitudes de Las mil y una noches », mientras que en el londinense Observer se evocaba « el rudo vigor de Rabelais, la sensualidad de D. H. Lawrence», y en el Times se constataba que « Solal ha sido proclamado, por los críticos de Europa y América, un gran libro, una obra maestra». También en Alemania se desbordó el entusiasmo. Sirva como ejemplo la siguiente crítica: « Con Solal , la novela contemporánea se despierta a una nueva vida, de una originalidad absoluta», en la que aparecen « escenas comparables a las más poderosas de Shakespeare, tan densas, tan crudas, tan auténticas, que dan cuerpo a verdades tan profundas que la vida real difícilmente puede igualarlas» ( Vossische Zeitung ). Muchos años después, Bella del Señor confirmó apoteósicamente todas las profecías sobre las capacidades literarias de Albert Cohen y lo instaló sin discusiones entre los grandes novelistas del siglo XX.